Esta raza es originaria del Reino Unido, y es uno de los sabuesos más antiguos y más populares. En CurioSfera-Animales.com, te explicamos el origen e historia de la raza Beagle.

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Origen e historia de la raza Beagle

En cuanto al origen histórico del Beagle, probablemente proviene de perros de tipo sabueso utilizados en el sur de Europa para la caza de conejos y otros pequeños mamíferos.

Estos canes ya los mencionaba Jenofonte en su obra Cynegeticus en el siglo V a.C.

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El desarrollo del Beagle es británico y empezó durante la romanización, cuando las legiones llegaron a las Islas Británicas acompañados de sus pequeños sabuesos procedentes de Grecia.

Pero no fue hasta el siglo XV cuando varios escritores lo mencionaron por su nombre actual: Beagle. Y en 1890 se fundó el club original de la raza.

El Beagle está reconocido como una raza británica, pero su origen real es mucho más antiguo y con toda probabilidad proviene de perros llegados desde fuera de estas islas.

De hecho, para los principales estudiosos de la raza, ésta tiene sus ancestros más antiguos en pequeños perros de tipo sabueso utilizados en el sur de Europa para la caza de conejos y de otros pequeños mamíferos. Unos canes a los que ya hacía referencia Jenofonte en su obra Cynegelicus escrita en el siglo V a.C.

Aquellos pequeños sabuesos tenían la habilidad de buscar, acosar y dirigir a las presas hacia las redes colocadas por los cazadores, quienes, finalmente, les daban caza. En algunas representaciones de la época ya se puede distinguir a estos sabuesos de talla pequeña, hocico ancho y grandes orejas colgantes, frente a otros mucho más altos y estilizados, con hocico puntiagudo y orejas más pequeñas.

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Aun así, no cabe duda que el desarrollo del Beagle es un patrimonio exclusivamente británico que tuvo su momento inicial en el periodo de romanización, cuando las legiones provenientes de Roma llegaron hasta las islas acompañadas de sus pequeños sabuesos adquiridos en Grecia.

El origen del nombre “Beagle” ha sido fruto de controversias, pues unos defienden que deriva del antiguo término inglés hegle, mientras que otros creen que procede del francés beigh o incluso del gaélico beigh.

Sea como fuere, todos estos términos significan lo mismo: “pequeño”. Otra versión, algo distinta, remite al nombre begueule, que hace referencia a las aptitudes vocales de este can.

Estos perros se adaptaron a la perfección a su nuevo entorno y se popularizaron enseguida para la caza, hasta tal punto que el rey Canuto II de Inglaterra los declaró exentos de tener que cumplir las prohibiciones establecidas para la caza por la Ley de Bosques de 1016.

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En cualquier caso, el hecho es que desde la época de los romanos en las Islas Británicas se instauró la costumbre de cazar con jaurías de sabuesos de distinto tipo.

Y, según las tradiciones orales, el mitológico rey galés Pwyll, contemporáneo del mítico Arturo, ya criaba un sabueso especialmente fino, de color blanco y muy apreciado por los cazadores de la época.

Los normandos, en cambio, fueron más partidarios del uso de perros de gran tamaño y fueron, con toda probabilidad, los responsables del desarrollo de los linajes originales de harriers y de foxhounds.

Los pequeños sabuesos británicos aparecen mencionados más tarde, en el siglo XIV, en Los cuentos de Canterbury, y el nombre de “Beagle” se lo dieron por primera vez varios escritores del siglo XV.

Luego, durante la vigencia de la casa Tudor la raza se hizo más popular y fueron famosos los llamados Beagles “cantores de la reina Isabel I”. También se tomó como referencia la costumbre del rey Jaime I de Inglaterra de llamar a su mujer “mi querida y pequeña Beagle” como una muestra de cariño.

Éste es uno de los sabuesos más antiguos y a la vez más populares del mundo. Su pequeño tamaño y su estructura equilibrada, ajena a las exageraciones que se dan en otras razas del grupo, lo han convertido en un perro muy conocido y apreciado como animal de compañía.

Durante siglos este can vivió exclusivamente como perro de caza. Se tenía en grandes jaurías, casi siempre pertenecientes a familias nobles. A veces vivía en jaurías privadas de menor tamaño, y eran los “másters”, o maestros, de cada jauría quienes se encargaban de lijar los criterios de selección y de cría de los diferentes perros que la formaban.

Optaban por unas cualidades u otras en función de sus necesidades, de los terrenos de caza, de las debilidades que se debían mejorar o de los puntos fuertes que había que mantener. Llegó a resultar sencillo distinguir la procedencia de un perro u otro en función de su aspecto. De hecho, a mediados del siglo XVIII, la variedad de tipos era tan grande que difícilmente se podía hablar de la existencia de una raza.

A mediados del siglo siguiente la raza experimentó un descenso en su popularidad que la llevó casi al borde de la desaparición. Situación que coincidió en el tiempo con el nacimiento de las exposiciones caninas, a las que también concurrieron algunos maestros con sus sabuesos.

En estas exhibiciones se hizo mucho más patente la gran variedad de tipos existentes en la raza y algunas voces se alzaron en contra de crear una versión miniaturizada del foxhound sin ninguna de las características típicas del Beagle, camino que parecía estar tomando el desarrollo de la raza.

Así, para poner freno a esta situación, aficionados y criadores empezaron a poner puntos de vista en común y a trabajar con un objetivo preestablecido, e incluso fundaron en 1890 el club original de la raza con la intención de promover la crianza del Beagle y de ponerse bajo los auspicios del Kennel Club.

Hasta ese momento, aparte del Reino Unido, el único lugar donde se hacía una referencia clara al uso de estos perros como animales de jauría era en Estados Unidos. Hasta donde habían llegado a mediados del siglo XIX, gracias a las importaciones del general Rowlett, de Illinois. Cuyas jaurías estaban regidas por los dictámenes del Club del Beagle de América, fundado por él mismo en 1887, es decir, tres años antes que el club inglés.

Con el avance del siglo XX, algunas actividades cinegéticas perdieron importancia y la caza con jauría se convirtió en un asunto testimonial al alcance de muy pocos bolsillos.

De modo que, debido al alto coste de su mantenimiento casi todas las jaurías privadas desaparecieron.

Por otro lado, también contribuyó a su desaparición la gran presión ejercida por los grupos que se oponían a este tipo de caza en el Reino Unido. Los cuales terminaron consiguiendo su prohibición.

El Beagle se vio perjudicado con la disolución de las jaurías, pero, al mismo tiempo, emprendió un camino paralelo y encontró acomodo entre los aficionados a los perros. Su discurrir por la cinofilia organizada y el mundo de las exposiciones caninas apuntaló un futuro que parecía incierto.

Así, aunque hasta la Segunda Guerra Mundial se habían presentado muy pocos ejemplares a exposiciones caninas y se habían registrado pocos cachorros de manera oficial en el Kennel Club inglés o en otros cuerpos organizados (en 1950 se habían inscrito tan sólo 64 nuevos cachorros), en apenas diez años la cifra se disparó hasta cerca de dos mil.

En la década de 1960 se alcanzó un pico de popularidad máximo con una media de casi cuatro mil nuevas inscripciones anuales.

No todas las causas de su popularidad son motivo de satisfacción para los amantes de la raza. Debido a su tamaño, a su fácil manejo y mantenimiento, y a su temperamento dulce y cariñoso, durante años el Beagle se ha convertido en el perro preferido por científicos y laboratorios de experimentación.

De modo que ha pasado a ser una cobaya más en numerosos experimentos, tests de tolerancia, pruebas de sustancias químicas y de medicamentos, etcétera. Una situación intolerable para quienes aman a los animales y respetan sus derechos.

Este mismo temperamento que ha llevado al Beagle a convertirse en una cobaya de experimentaciones es el responsable de que la raza haya pasado de ser un perro de caza a uno de compañía.

De todas formas, se trata de un sabueso puro. Lo demuestra cada vez que tiene ocasión, por lo que puede que no sea el perrito de compañía ideal que algunos quieren ver.

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